Evidencias y conclusiones (I)

Un buen día, mientras se afeitaba, se dio cuenta de que no se reconocía en el espejo. Aquel rostro no era él. Al cabo del rato, repasó los mensajes de su contestador automático; oyó su propia voz en el saludo de bienvenida y no la identificó como suya. Más tarde revisó unos antiguos escritos de juventud, buscando el borrador de un viejo poema. Sintió un frío desdén por lo escrito y no comprendía cómo, en algún momento de la vida, pudo habérsele ocurrido algo así. Llegó al colmo de su estupefacción por la noche, durante la cena en casa de unos amigos. En la sobremesa vieron unos viejos vídeos de una celebración anterior. La visión de sí mismo en pantalla le era completamente ajena.

De madrugada, tras horas de vigilia, llegó a la conclusión de que la hipótesis menos pavorosa era haber asistido a una demostración de la existencia de su alma.

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Published in: on enero 16, 2011 at 23:45  Comments (5)  
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Exceso de egos (I)

Ayer me encontré conmigo cuando iba de compras. Hacía tiempo que no hablábamos, y apenas si nos vemos últimamente. Nunca sabemos si darnos la mano, abrazarnos o besarnos en ambas mejillas, que es lo habitual entre los hombres de mi familia, y hubo un instante de torpeza. Tras el habitual intercambio de palabras cordiales decidimos ir un rato juntos, mientras buscábamos regalos de Reyes. Ambos íbamos con prisas. Era una de estas odiosas situaciones en las que uno no quiere desairar a quien se ha encontrado ni puede descuidar las tareas que tiene entre manos. Noté que había cogido algo de peso (los atracones navideños, sin duda) pero me abstuve de decírselo, pues sé lo mal que me sienta. Hubo otro momento de impass cuando ambos, sin decírnoslo, nos dimos cuenta de que queríamos comprar la misma bufanda para nuestra mujer. Sin embargo, como tenía mis dudas (idénticas a las de él, según adiviné en su gesto indeciso) abandoné la idea. Al final, él se decantó por unos pendientes y yo, por el collar a juego. Es una suerte habérmelo encontrado, ya que ambos regalos, que tan bien quedan juntos, hubieran sido demasiado caros sólo para mí.

Nos despedimos con un par de frases hechas, que fueron ingeniosas en su día. Ambos lo sabíamos y reímos más por complicidad que por pura gana de reir. Mañana, como siempre, mi mujer recibirá dos regalos de Reyes y me dirá, como en cada ocasión, que la próxima vez bastará con uno…  

Published in: on enero 5, 2011 at 20:33  Dejar un comentario  
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Yo

Nos encontramos exactamente dos veces al día. Por la mañana pulsa el botón de la planta baja, y, desde que entra, simultáneamente, repito de forma simétrica todo cuanto hace: ajustarse la corbata, comprobar el portafolios… ocasionalmente nos miramos a los ojos y me resulta difícil seguir en mi papel, que no advierta nada. La mía es una vida rutinaria. Limitada. Sólo cuando me da la espalda me puedo tomar libertades y observarle impunemente, o relajarme y sentarme en el suelo un instante. Por la noche llega del trabajo, y, tras horas de espera vacía, reproduzco su cansancio, su ropa arrugada… Tras el breve viaje, sé que me aguardan varias horas de vigilia hasta la mañana siguiente. Estoy cansado de este cubículo, de esta monotonía. He de hacer algo. Sí, lo he decidido: esta misma noche haré algo. 

[Presentado al Concurso de Microrrelatos Antonio Almansa en 2007, con el título Reflejo, bajo el alias Georg Cantor]

Published in: on noviembre 26, 2010 at 21:59  Comments (2)  
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