Bandas de Moebius (II)

Ayer, cuando mi hija pequeña se fue a la cama, la oí llorar. Le pregunté qué le pasaba y me pidió que me quedara con ella, pues tenía miedo de los monstruos. La acaricié con dulzura y le dije que no había nada que temer, que los monstruos no existen. Quizás, en un futuro no tan lejano, mi hija salga a la calle cuando yo me vaya a acostar; quizás yo le ruegue que no salga tan tarde, que se quede conmigo. Quizás mi hija me sonría y me diga que no hay nada que temer, que los monstruos no existen.  

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Published in: on mayo 30, 2011 at 09:51  Dejar un comentario  
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Variaciones sobre la leyenda de El Holandés Errante (II)

Hace muchos años, según cuentan los antiguos, había un marino mercante conocido por pilotar el buque más rápido de los que recalaban en Rotterdam. Eric (tal era su nombre) tenía un hijo recién nacido al que adoraba. El bebé cayó muy enfermo y ningún médico daba con el remedio de su mal. Desesperado, Eric consultó a las viejas gitanas del puerto; se miraban entre sí, pero ninguna parecía querer hablar. Una de ellas, venciendo las reticencias de todas, le confió la existencia de un ermitaño que vivía en un inhóspito pedregal en mitad del mar de Arán. Este ermitaño, al parecer, conocía algas con propiedades milagrosas, capaces de sanar cualquier dolencia. La gitana tomó del brazo a Eric e insistió en que los remedios del ermitaño eran un último recurso, sólo para casos de extrema necesidad. Siga el enlace para leer el resto de la historia…

Published in: on mayo 14, 2011 at 09:38  Dejar un comentario  
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Solos en el universo

Cada vez que, en medio de la noche estrellada, alzo la vista al cielo, siento un escalofrío, y pienso: no, no puede ser que estemos solos. Sería demasiado triste. Tiene que haber en algún sitio seres semejantes a nosotros; la vida sería absurda en caso contrario, no tendría sentido. Y sin embargo, ¿qué certeza tenemos? Ninguna. En fin, estos son los pensamientos que me asaltan en la quietud de la noche, tras la cena, siempre excesiva. Casi me sorprende el amanecer con estas reflexiones, y apenas si me queda tiempo de llegar volando a mi ataúd.

Published in: on febrero 1, 2011 at 14:38  Dejar un comentario  
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Rotaciones y traslaciones

Creo que nuestra vida no es exactamente lineal. No todos los días nos duran lo mismo, hay instantes eternos, años que pasan en un abrir y cerrar de ojos… la mente no es estrictamente lógica. Quizá por ello necesitemos referencias. Símbolos. Una rosa de los vientos, mapas celestes, balizas en la ruta. Nosotros nacemos y morimos, ése es nuestro camino. Y, jalonando nuestra vida, muchos nacimientos y muertes que quizá nos preparen para nuestra propia desaparición. Con la madurez, he llegado a la conclusión (provisional, como todas las mías hasta ahora) de que es necesario honrar los ritos, reconocer los hitos, respetar los mitos. Saber celebrar, saber despedir. Y también en reflexivo: saber celebrarse y saber despedirse. Todo esto viene a cuento de que la muerte y resurrección que celebraremos a medianoche no es cosa tan baladí. Vivamos esta noche tan especial conscientes de su significado. No es una noche como las demás. De todas formas, ninguna noche debe ser como cualquier otra.

Feliz nuevo viaje alrededor del Sol.