Confieso que concurso

Montero Glez es escritor. No he tenido el placer (o el dolor) de leer nada suyo; y, sin embargo, el sí que me ha leído a mí. Pero eso se debe a que participo en un concurso semanal de microrrelatos, Cuenta 140, que dicho señor pastorea en la revista elcultural.es. Es tan, tan fácil participar, que hay que realizar un esfuerzo para no hacerlo. Parece ser que la extensión máxima permitida de los microrrelatos, ciento cuarenta caracteres, se debe a que es también el máximo admitido en la mortífera red social Twitter; para los no avisados, Twitter consiste en narrar en tiempo real lo que uno debería estar haciendo en vez de usando Twitter. Por ejemplo, y perdonen la vulgaridad: un usuario de Twitter dejará un suculento coito en standby para emitir por su iPhone algo así como: “@pajillero2054: estoy follando”, cuando realmente debería escribir: “@otro inútil como yo: por una vez estaba follando, pero he preferido interrumpirlo para contarlo a los cuatro vientos, ya que mi cibervida es más real y satisfactoria que mi propia, física, costrosa vida”. En fin, una versión 2.0 de la gente que no ve nada en los viajes porque no para de hacer fotos.

Me he ido por las ramas más extremas. Les hablaba de Cuenta 140. A lo largo de las próximas semanas les infligiré algunos de mis microrrelatos concursantes, que presentaré con el tema propuesto y el alias tras el que me parapeté al enviarlos. Huelga decir que seguimos cosechando fracasos arrolladores que mantienen a raya nuestro hiperbólico ánimo.

Published in: on diciembre 4, 2010 at 00:24  Dejar un comentario  
Tags: , , , ,

… pocas palabras bastan.

Bienvenidos, lectores apresurados y autores aquejados de poquedad: están en la sede de Microescritos. Microescritos es una advocación literaria de Luis Gallardo (quien les escribe). Microescritos nace, como nacen los blogs, de la necesidad de publicar. Y tal necesidad, confesémoslo, deriva de una cierta psicopatología vulgarmente denominada ego. Jamás sentí la necesidad de narrar. Otros se proclaman narradores natos y fatigan a sus próximos, desde la infancia temprana, con melopeas varias. Yo no. Sin embargo, hace algunos años me topé con la convocatoria de un concurso de micronarrativa en mi localidad natal. Algo despertó en mí (el ansia de fama y fortuna, supongo) y con una furia casi suicida alumbré una insana cantidad de relatos en apenas dos días. Mis microocurrencias cosecharon un fracaso arrollador que conservó intactas mi fama y mi fortuna, y mermó mis crecidas ínfulas. En vez de tomarme tal experiencia como una señal cierta de los hados y una oportunidad de blanquear mi karma, persisto en el error (de lo que daré cumplida cuenta más adelante). He decidido que tengo el mismo derecho que mis semejantes a afligir el ciberespacio con mis matracas y a ello me dispongo. Dejémonos de redundar y pasemos a relatar.

Published in: on noviembre 26, 2010 at 16:35  Dejar un comentario