Cuestiones de peso (I)

Hace unos días, tras una mañana de patinaje sobre hielo, fui con mi familia a almorzar a un restaurante. El dueño reposaba sentado en la terraza, en espera de clientela. Este señor tenía tales dimensiones que calificarle sucintamente de obeso mórbido sería una mentira piadosa. En la sobremesa entablamos conversación. Le contamos qué veníamos de hacer y, para mi estupefacción, se reveló como entusiasta de la práctica del patinaje, así como del esquí alpino de fondo. Tuvo que notar mi incredulidad, y añadió:

–Pero, claro, de esa época de mi vida hace mucho…

–¿Ah, sí?–respondí estúpidamente.

–Sí, sí…–dijo él– por lo menos, unos cincuenta o sesenta kilos…

Published in: on noviembre 6, 2011 at 10:04  Comments (4)  
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4 comentariosDeja un comentario

  1. Esto que ha hecho usted es más o menos lo que yo pretendía llevar a cabo con mi singular “Memorias de un adolescente gordo” que figura en mi blog: una compilación de pequeñas anécdotas e historias sarcásticas en relación a la gordura. Por cierto, que de pronto se me ha venido a la imaginación un toque humorístico mezclando uno de los clásicos visuales del sobrepeso con la pescadilla que se muerde la cola: “El dueño reposaba sentado en la terraza mientras su barriga reposaba sentada en la mesa de la terraza donde el dueño reposaba sentado en… Bueno, ustedes ya me entienden. Y los que dibujaban los paisajes en movimiento de ‘El oso Yogui’ seguro que también”.

  2. Veo que ha encontrado usted una razón de peso para regresar a la escritura. Que siga la racha…

  3. Todos los mórbidos somos personas normales y corrientes pero imperfectas, al igual que el padre de familia que no supo disimular su asombro, al ver al dueño del restaurante hablar con añoranza de sus otros Kilos en los que pesaba menos

    • Llego tarde para felicitarle el año nuevo, pero permítame otorgarle el premio al mejor pleonasmo con lo de “personas normales y corrientes pero imperfectas”… en mi caso, he de confesar con más pena que gloria que soy tan, tan imperfecto… que ni siquiera soy normal y corriente.
      Gracias por su visita y su aportación. Sea siempre bienvenido (¿o bienvenida?)


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