Evidencias y conclusiones (III)

Me siento muy nervioso, pero he de pensar con claridad. Sólo estamos tres personas en esta habitación. Y uno de nosotros es un asesino. Los latidos de mi corazón son tan fuertes que casi me impiden respirar. Quisiera pasar desapercibido, pero es imposible. Estoy ante ellos y ellos ante mí. No hay dónde ocultarse. ¿Puede ser A. el asesino? Siempre ha tenido un aspecto amenazante, hostil. Y, sin embargo, ahora parece inofensivo. ¿Acaso el asesino es B.? B. tiene una mirada hosca, como de alimaña. Incluso ahora que sostengo su cabeza decapitada entre mis manos, sus ojos vidriosos, ya muertos, conservan ese brillo metálico. En cambio, A., balanceándose de la viga de la que le acabo de colgar, tiene algo de infantil, de niño que se balancea en un columpio.

Published in: on febrero 23, 2011 at 00:20  Dejar un comentario  
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