Ateo como un piojo

Hace unos días salí de copas con un antiguo amigo al que ya sólo veo una vez al año, o cada dos. Mientras deambulábamos por ese peculiar ecosistema que es la noche, la conversación divagaba entre lo físico y lo metafísico. Con una vehemencia propia de las soflamas estéticas de nuestra adolescencia,  mi amigo se proclamaba una y otra vez “ateo como un piojo”. La expresión me chocó y atrajo mi atención. El caminar de un local a otro, cada uno con una música más atronadora que el anterior, rodeados de falsas nínfulas y auténticos orcos, no favorecía la conversación sutil. Me abstuve de comentarle a mi amigo que lo más seguro es que los piojos tengan motivos para ser muy, muy creyentes. Pensé en su parasitaria vida, difícil, mísera y breve, coronando las cimas de unos extraños universos que se mueven a través de un vacío pavoroso; universos de los que se alimentan. Unos universos con voluntad que les destruirán sin piedad si les descubren. Pensé en los dioses de los piojos y en nuestros propios dioses. Recuerdo una mañana en la playa, tras una noche de temporal que arrasó las barcas de pesca, y recuerdo un marinero duro como un trozo de cecina que gritaba: Me cago en Dios, mientras recogía los restos de sus aparejos. Para poder cagarse en Dios hace falta creer en él.

Pensé que es todo un lujo ser ateo. Hace falta cierto tiempo y cierto bienestar. Todo esto se me pasaba por la cabeza a pesar de haber bebido vino y licores como para alimentar la caldera de un barco pesquero. O, quizás, gracias a ello.

Published in: on enero 9, 2011 at 15:30  Comments (4)  
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4 comentariosDeja un comentario

  1. Voy camino de la cuarentena y mi relación con la divinidad siempre ha estado llena de claroscuros y ambigüedades. He pasado por todas las etapas posibles: De la mayor devoción a la total negación, pasando por el panteísmo,agnosticismo, etc. Eso sí, curiosamente nunca he dejado de considerarme cristiano y siempre he considerado con el mayor de los respetos cualquier culto extinto o vigente.
    Lo que voy a decir puede que sea un tópico, una ingenuidad o ambas cosas; vivir la concepción, gestación y alumbramiento de mi primer hijo me ha hecho replantearme muchas cosas en torno al origen y significado de la vida y, puede que por un sentimiento de indefensión, puede que por una insconciente necesidad de protección, hoy día vuelvo a sentirme cerca de la divinidad (me niego a usar la palabra Dios porque da muchas creencias y conceptos por sentado).
    De todas formas no sé si me explico en tan pocas líneas y éstas son cosas que se debaten mejor a la luz de la lumbre y en torno a una botella de Macallan.

    • Suscribo sus palabras una por una y en su totalidad, cambiando el género y número de los vástagos en mi caso. El whiskey podemos dejarlo tal cual.

  2. El whisky podemos dejarlo tal cual, pero irónicamente le sobra la “e”.

    • … ¡cateto de mí!… y eso que empieza por Mac, y que disfruté de una botella este verano, cortesía del amigo Daffari, que me duró un par de suspiros…


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