Noche de paz, noche de amor

La cena de Nochebuena tuvo lugar, este año, en casa de uno de mis primos. Seguimos un ritual acrisolado por el paso del tiempo. Cuando ya hemos llegado todos, tomamos un aperitivo durante el que, los que no nos vemos frecuentemente, nos ponemos al día de nuestras aventuras y desventuras. Siempre tenemos palabras de recuerdo para los que nos han dejado durante el año anterior, y es que cada vez somos menos. Luego, justo antes del primer plato, llega el momento del sorteo. Todos sacamos, sin mirarla, una perla del saquito de terciopelo que preside la mesa. Cuando estamos listos, abrimos la mano y mostramos lo que hemos obtenido. Todos tienen una perla ámbar salvo dos: este año, yo he sacado la perla negra, y a una de mis cuñadas le ha tocado la perla roja. Éste es el momento más difícil de la noche y hay que actuar con rapidez y limpieza. No es la primera vez que saco la perla negra y sé bien qué hacer. Sin dudar agarro el cuchillo que hay bajo el saco de las perlas y se lo hundo a mi cuñada justo bajo el mentón, seccionando su laringe y todos los nervios importantes que parten de la base craneal. Mi hermano, delicadamente, le cierra los ojos y le da un beso de despedida. A partir de ese momento, todo el mundo pone de su parte: los hombres están pendientes de las brasas de la barbacoa, mientras las mujeres desuellan el cadáver y preparan la carne. Es increíble lo poco que tardamos en estar todos sentados nuevamente a la mesa. La cena discurre en un ambiente entrañable, en el que la mayoría de las conversaciones giran en torno a la persona sacrificada, celebrando sus buenos momentos y obviando, piadosamente, sus defectos y miserias.

Cuando me reincorporo al trabajo, me causa desazón participar en charlas en que la gente se queja de sus cenas de Nochebuena. Yo siempre les digo, en un tono un tanto paternal, que no se quejen; que disfruten de los momentos en que la familia está reunida, pues uno nunca sabe qué deparará el futuro.

Published in: on enero 6, 2011 at 20:03  Comments (4)  
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4 comentariosDeja un comentario

  1. Uff. Ravenous

  2. Rotunda alegoría sobre las (incómodas, viciadas, violentas… ad infinitum) situaciones familiares (tanto biológicas como políticas) que se dan en las celebraciones rituales de estas fiestas. ¿Quién no ha querido alguna vez matar a algún miembro de la familia a la par que degusta el langostino, para después quedarse tan pancho diciendo que era una bella persona? Homérico. Mis felicitaciones por su texto en estas fechas tan señaladas que tocan a su fin.

    • Alegoría, alegoría… pero ¿es que las cenas de su familia no son así? ¿somos los únicos en celebrar la Nochebuena en condiciones?


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