Signos inequívocos

Ha ocurrido otra vez. Ni siquiera aquí estoy a salvo. Esta noche he vuelto a ser abducido. No he de sorprenderme, ¿acaso su tecnología no les permite atravesar muros y barrotes, y teletransportarse (o teletransportarme) a donde quieran? Oh, Dios… no tengo escapatoria. Lo sospechaba desde hace años. Y todas mis sospechas se tornaron certezas cuando hice el test, el mes pasado. Tengo tantos, tantos indicios… Veamos:

¿He perdido sangre por algún orificio nasal? Claro que sí: todavía recuerdo aquel balonazo en toda la jeta, en el recreo de 5º de primaria.

¿Tengo cicatrices en el cuerpo que no recuerdo haberme hecho? Pues sí. Sentarme beodo perdido en lo alto de un vaso roto quizá explique esos sietes que me hice en el perineo, pero con la tormenta que llevaba, desde luego que no me acuerdo de nada.

¿Has soñado alguna vez que mantenías relaciones sexuales con alguna criatura? Sí. Incluso con mujeres.

Y yo, que creía que los alienígenas se ocultaban en los miembros de mi familia… cuando los decapité con mi cuenco místico tibetano me creí , por fin, a salvo. Pero me han seguido hasta aquí. Le conté mis avatares a mi compañero de celda, el gigantesco mandingo Alain Qular, y se ofreció a guardarme las espaldas durante la noche, durmiendo conmigo en mi catre. ¡Todo en vano! He amanecido con un nuevo signo de abducción, no recogido en el test: tengo las orejas rojas y doloridas, como si me hubieran agarrado de ellas mucho rato; pero eso no es nada comparado con la tumefacción de mi ojete. Tengo la impresión de que esta noche me han metido una tuneladora. Sin duda alguna, me introdujeron una sonda con la que han medido la actividad de mis chakras hasta llegar a la glándula pineal. Eso explicaría que el escozor y la sensación invasiva abarquen desde mi esfínter anal hasta el diafragma. Le he preguntado a Qular y me ha dicho que no se explica cómo han podido abducirme, si él ha estado toda, toda la noche pegadito a mi retaguardia. Esta noche le propondré dormir yo en decúbito prono sobre la colchoneta y él sobre mí cubriéndome con sus miembros, protegiendo mis puntos débiles. Puede que me abduzcan, ¡pero no se lo voy a poner fácil!

[Dedicado a todos aquéllos que no se rían al leer estas líneas; especialmente, dedicado a alguien que ni siquiera las va a leer]

Published in: on diciembre 29, 2010 at 21:04  Comments (2)  
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2 comentariosDeja un comentario

  1. Me va a permitir que apunte que lo de su personaje cautivo es lo que llamaríamos un caso freudiano. Supongo que pocas palabras bastan. De paso, recuérdeme que un día de estos le cuente el chiste de “por ahí no llegan al cerebro”, en caso de que le fuese ignoto. Buenas noches nos dé Dios. Creo que dormiré sobre mi espalda por lo que pueda acontecer… ¡Aunque está visto que estos abductores siempre se salen (y entran) con la suya!

    • La mitad de esta entrada se inspira en ese chiste al que usted se refiere. La otra mitad está lamentablemente inspirada en hechos reales, no por la parte de la abducción, pero sí por la de la vida magufa. Como dijo un tal Thomas, “cuando un colectivo define un hecho como real, el hecho se vuelve real en sus consecuencias”.


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