Doble peligro

Una leyenda que siempre me ha parecido especialmente inquietante es la del doppelgänger. Creo que proviene de Alemania. En ella se nos cuenta que cada uno de nosotros tiene un doble que nos acecha, hasta que nos asesina y nos sustituye sin que nuestros allegados lleguen siquiera a darse cuenta.

Había olvidado esta historia, a la que debo tantas noches de insomnio de mi infancia, cuando algo extraño ocurrió alrededor de mis veinte años. Un día uno de mis conocidos me dijo que me había visto el día anterior por una calle por la que yo jamás había pasado. Bromeé contestando: “Tengo una cara muy vulgar. Soy igual a mucha gente”, pero mi interlocutor me respondió muy seguro de sí mismo: “No. No es que se te pareciera. Era idéntico a ti. Un hermano gemelo no se te hubiera parecido más.”

A lo largo de los años, anécdotas similares acontecían cada pocas semanas. Incluso durante la época en que vivimos fuera de España, a finales de los noventas, me encontraba con personas en sitios remotos que decían haberme visto poco antes. Mi mujer reía, pero yo, secretamente, no podía olvidar la leyenda de mi infancia.

La idea de ser perseguido por mi doble se convirtió en una obsesión. Pensé en ir al psicólogo, pero mis conocidos seguían relatando encuentros casuales, visiones fugaces de mi otro yo. No eran imaginaciones mías.

Caí de la obsesión en el pánico hace un par de semanas. Acababa de comprarme un jersey y, al llegar a mi casa, me di cuenta de que realmente no me quedaba bien. Volví a la tienda acto seguido; no tardaría más de una hora desde la compra. La chica que me atendió, al verme aparecer, me dijo: “¡Qué sorpresa! Acaba de estar su hermano gemelo y se ha comprado un jersey igual que éste. Supongo que, entonces, también me lo devolverá.”

Salí de la tienda despavorido. Comprendí que mi doppelgänger estaba estrechando el cerco, familiarizándose con mi entorno, empezando a vestir como yo. Listo para apoderarse de mi vida. Para sustituirme.

Ayer no tuve más remedio que quedarme en mi oficina a trabajar hasta bien entrada la noche. Los informes pendientes se amontonaban en mi mesa. En el ordenador aparecía mi horario semanal, rayano en el esclavismo, además de una hoja de cálculo con mis exiguas dietas por exceso de kilometraje. Encima de la montaña de papeles, como remate, mi nómina del mes anterior, a medio camino entre el atentado a los derechos humanos y el humor negro.

Creí oir un chasquido metálico. Tras el sobresalto, seguí trabajando unos instantes hasta que, en la penumbra de la oficina vacía, vi una silueta que avanzaba lentamente hacia mí. Noté cómo el terror me dejaba sin respiración. Una copia clónica de mí mismo, con mis mismas ropas y peinado, mis mismas gafas, avanzaba hacia mí blandiendo un gigantesco cuchillo. Pero lo peor era su sonrisa de absoluta maldad y determinación. Era como mirarse en un espejo deformante, pero no del cuerpo, sino del alma.

No tenía escapatoria posible. No sabía qué hacer. El miedo me había paralizado. Me cubrí torpemente con las manos mientras mi doble levantaba su arma por encima de su cabeza. Pero, cuando me esperaba recibir el impacto, vi que leía con cara de asombro mi horario semanal. Esbozó una sonrisa nerviosa y comenzó a resoplar al ver los kilómetros que hago al mes y lo que me pagan por ello. Se llevó las manos a la cabeza cuando encontró mi nómina. Y, de repente, reparó en la foto que tengo en mi escritorio: mi mujer recién parida dándole el pecho a una de las trillizas, el carrito doble de bebé, mis otros cinco niños y mi suegra con su caniche, Mariano, subiéndoseme por la pernera del pantalón con arteras intenciones.

En ese momento mi doppelgänger emitió un aullido sobrecogedor, de alimaña aterrada, soltó el cuchillo y salió de la estancia dando tumbos y chocando contra los muebles. Al cabo del rato aún se le oía gritar calle abajo y correr a toda velocidad.

Francamente, sé que soy un hombre de suerte, pero aún no sé si es buena o mala.

Published in: on diciembre 27, 2010 at 16:54  Comments (11)  
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11 comentariosDeja un comentario

  1. Veo que está creando usted su propio universo de personajes entrelazados. Gaste cuidado, que así se empieza: tome conciencia de que se expone al riesgo de generar su propia caterva de “frikis”, o, como los llamábamos los chaveas en mis tiempos, “comidos”. ¿Se imagina usted las camisetas gráficas acompañadas de leyendas tales como “En decúbito prono… ¡Cuidado que me asomo!” o “Bestialismo y humanismo se parecen sin ser lo mismo”? Casi puedo visualizarlas cubriendo los cuerpos de una legión de gafordos (gordos consumidores de mangas y/o comics americanos y gafotas cibernéticos antivirales y compradores en la Fnac). Respecto de su relato de usted, me ha resultado gratificante ese híbrido entre historia de espionaje de Graham Greene y su habitual estilo post-borgiano (de Jorge Luis Borges, se entiende, no de los Borgia, lo que le supondría literalmente un mal trago). Una vez sumergido en su inquietante narración, para lo que no estaba preparado era para ese giro final humorístico al estilo de Eduardo Mendoza, del cual, así de pronto, he pensado que usted debe ser secreto discípulo. Eso explicaría por qué ayer, junto con el señor Daffari, nos condujimos por el laberinto céntrico de la ciudad para acabar comiendo aceitunas…

    • O’Dhurann, ¡me deja usted siempre pensando! sus comentarios tienen más sustancia que un batido de manteca colorá. Ésa de Mendoza no me la he leído. ¿Me la recomienda? Buena idea lo de las camisetas, pero me parece que sería llevar las cosas algo lejos…
      Esta noche me pasaré por su casa de usted…

      • Hallará en mi casa (que como bien sabe también es la suya de usted) nuevo material desde todos los puntos de vista: nuevo por recién publicado y también por adentrarse en nuevos terrenos creativos, a saber, la (breve) traducción literaria, en este caso mezclada con la adaptación libre. Para más señas, se trata de la letra de una canción en inglés. Como quiera que usted también tiene un tanto por ciento de anglófilo, espero que disfrute de la lectura y saque punta a la versión personal e intransferible que el hombre que vive en la ignorancia les propone. Afile los cuchillos si es necesario. ¡No se corte, hombre, que hay confianza!

  2. Como muchos psicoanalistas (sobre todo freudianos) admiten, el tema del doble es recurrente en el subconsciente colectivo del hombre occidental debido a que se cimenta sobre el poso de la mitología. Su explicación antropológica parece ser la siguiente:
    Desde que nuestros ancestros comenzaron a observar los astros más llamativos (el sol y la luna) se dieron cuenta de que el primero, a pesar de no cambiar de aspecto, parece comportarse de dos formas absolutamente opuestas: durante una época su aparente recorrido en torno a la Tierra es mucho más largo y coincide con su mayor poder (verano), mientras que durante otra época su trayectoria es mucho más corta y sus poderes parecen mermados (invierno). En cambio la luna, a pesar de cambiar de forma, parece no perder ninguno de sus poderes (influencia en las mareas; menstruación de la mujer; y los antiguos también le asignaban la capacidad de generar el rocío). Esto llevó a la conclusión de que la luna debía ser un único astro/deidad superior, mientras que el papel del sol era interpretado por dos deidades gemelas. De hecho todo héroe solar de la antigüedad que se precie tiene un gemelo con menos poderes: Hércules tiene a Ificles; Jacob (antepasado de los israelitas) a Esaú (llamado “Edom” o el rojo, probablemente por alusión al sol crepuscular) e incluso en tradiciones apócrifas Jesús cuenta con un mellizo. Esta dualidad de deidades tenía su reflejo político-social y parece ser el origen de la colegialidad de la jefatura del grupo, como los dos reyes de Esparta, los dos cónsules de Roma, o el doble título de rey del alto y bajo Egipto para el Faraón.
    Si ambos astros/deidades se alternaban, debía significar que uno mataba al otro para sustituirlo desde el inicio hasta el final de los tiempos. Esta lucha fratricida entre hermanos gemelos por la disputa de los favores de una diosa también se refleja en todas las mitologías del Mediterráneo antiguo: Set asesina a su mellizo Osiris en Egipto; Enkimdu a Dumuzi en Sumeria; Rómulo a Remo en Roma; y Caín a Abel en la Biblia (aunque aquí la deidad es patriarcal por motivos obvios).
    La observación y el cómputo exacto de las estaciones desde la remota antigüedad en monumentos-calendario (como atestigua Stonehenge, el ejemplo más conocido), permitió seguir con más precisión el viaje solar y marcar con bastante exactitud los dos solsticios. El sol “nuevo” (deidad positiva) nacía el día del solsticio de invierno (momento desde el que comienzan a acortarse las noches en favor de los días al ser la noche más larga del año) y mataba a su doble el sol “viejo” (deidad negativa y asesino de su padre) la noche del solsticio de verano (de ahí que en todo el Mediterráneo, a pesar de la cristianización de la fiesta, continúan encendiéndose hogeras, originalmente en honor del sol). No es casualidad que Horus, Zeus, Mitra y. como no, Jesús, nacían durante el solsticio de invierno, casi todos en una cueva y ocultos en un pesebre entre bestias para que el sol “viejo” no los localice.
    Queda pos dilucidar si este asesinato tenía su reflejo político social. La historiografía del siglo XIX dio por sentado que el origen de las sociedades Mediterráneas era matriarcal y que, seguramente, la reina-sacerdotisa gobernaría junto a un consorte “zángano” que sería sacrificado anualmente en honor a la deidad Lunar y la fertilidad del grupo. La historiografía del siglo XX no tiene tan clara la teoría del origen matriarcal de la sociedad. En cualquier caso, el tema del doble o tanista o doppelgänger parece muy enraizado en el subconsciente colectivo a través de la mitología.
    Para saber más:
    sir James Frazer: “La rama dorada”.
    Robert Graves: “La diosa blanca”.

    • Diablos, Daffari… ¡eso sí que es ilustrar, y no lo que hizo Doré con el Quijote! ¿Ha escrito todo eso usted solito, o le ha echado una mano su doppelgänger? Muchísimas gracias por su aportación.

  3. ¡Impetuoso! ¡Homérico!

  4. Veo que, acuciado por la presencia de su propio doble, esta noche se ha convertido usted en el doppelgänger de un extraño. Le alabo la jugarreta, pardiez. Menos mal que no la llevó a cabo usted veintiséis peldaños más abajo… si no me habría puesto iracundo.

    • Me pareció adecuado al tema gastar una pequeña broma. Pero me temo que he abierto una caja de Pandora. La justificación de los cínicos es decir que, de no hacerlo ellos, alguien más lo habría hecho. Yo no soy cínico, al menos no intencionadamente. Sea como fuere, no hay vuelta atrás.

  5. Vamos, vamos, Sres.

    Reconozcan Vds. que sólo cuestionan el criterio del tal Montero Gzlez sólo porque nunca ha premiado uno de sus relatos y que, en el instante que ello se produzca (algo que creo inevitable a efectos estadísticos por el volumen de literatura que le envían), alabaran los gustos dl susodicho.

    • Amigo Daffari, hay tantos sabios adagios para responderle, del tipo “se cree el ladrón…” (aunque no seré yo quien se proclame a salvo de las trampas del ego)

  6. ¡Han abierto ustedes el lavadero! Eso sí, el lavadero intelectual, que por algo llevamos gafas. ¡Me apunto!

    Señor Daffari, aun siendo consciente de que ha redactado su post con intenciones única y exclusivamente provocadoras, pardiez, no me resisto a contestarle, pues bien sabe usted que el toro siempre entra al trapo. En su momento, como sin duda le recordará el perpetuo regusto en su paladar, le llamé lameculos de Alejandrito (Amenábar, para los no iniciados). ¿Desea que use ahora el mismo epíteto pero referido a Pedro J.?

    Por otra parte, el individuo que nos atañe a los tres en esta conversación (a quien, en aras de la brevedad, yo habría llamado más bien hermano Warner) se permite emplear criterios de valor como (cito textualmente):

    1) […] te paso, con “fartas de ortrografía”, luego para la final te las pongo corregidas. Espero no te molestes […]

    – Comentario duránico: Con dos cojones. Ahora resulta que los que defecan sobre la lengua de Cervantes y Galdós nos van perdonando la vida a los que tratamos de usarla con corrección y esmero.

    2) […] gracias por tus explicaciones. Ahora ya lo entiendo. Aunque sea sólo por eso, llegas a la final.

    – Comentario duránico: Con dos pares de cojones. Ahora resulta que el premio recae sobre el que mejor explique sus dos líneas mal contadas per se. Yo, ingenuo de mí, siempre había pensado que una historia debía hablar por sí misma…

    Atajemos ahora la cuestión de nuestro compañero de fatigas, el señor Gallardo. Arrojarse a cometer travesuras afrentosas como la suya resulta admirable, amén de hilarante; amilanarse por un par de comentarios ad hoc a posteriori (dos latinajos seguidos, a ver cuándo me dan el Nóbel, sea cual fuere) en la web demuestra una flaqueza de voluntad y espíritu que devalúan el pecado original (si se me permite el juego de palabras bíblico). Sea usía gallardo de verdad y jáctese sin duelo de su pequeño y modesto atentado.

    P.D. Si alguna vez resulto premiado, dudo muy mucho que llegue a alabar el gusto del señor Glez: simplemente pensaré que lo tiene siquiera mínimamente desarrollado. Eso y el clásico de Garfield: “la victoria habría sido más gratificante si la competencia hubiera sido más dura”.

    Me voy a traducir a Suetonio mientras fumo en pipa,

    C. o’D.


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