Enaltecimiento del errorismo

Decía Miles Davis: “si te equivocas, tócalo dos veces más y llámalo jazz”. Los improvisadores conocen bien el valor del error como máquina generadora de significado. Igual que los genes mutan por fallos reproductivos y esas mutaciones, bien es verdad que en exigua proporción, pueden causar mejoras evolutivas, las equivocaciones en el taller o en el laboratorio a veces descubren tesoros inadvertidos. Todo esto viene al caso de un feliz hallazgo, me temo que involuntario, de uno de mis conspicuos comentaristas: “(…) un nuevo microrrelato (…) que leva años dando vueltas en mi cabeza”. Qué más quisiera yo que las ideas que me obsesionan hicieran retroceder las saetas del reloj, hasta el punto de rejuvenecerme varios años. Más tosca, pero más impactante, esta leyenda que he encontrado al intentar leer el discurso de entrada en la RAE de un popular novelista: descagar el archivo. Pues bien: lo he descargado y lo he leído. Descagarlo, imposible.

Published in: on diciembre 18, 2010 at 16:02  Comments (4)  
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4 comentariosDeja un comentario

  1. Por lo que me toca (con perdón), muchas gracias por el halagador epíteto que me confiere. Por otro lado, ¡con qué triquiñuelas juega la lengua escrita cuando uno desliza un dedo por donde no debe (con perdón, bis) e involuntariamente da una vuelta de tuerca de creatividad y absurda polisemia a los mandos del teclado! Dicho lo cual, le animo a que se pase por mi casa cibernética (que, ni que decir tiene, también es la suya de usted) para que lea el recién nacido producto de mi febril imaginación onírica tras largos años en estado de latencia… Espero que esté a la altura de lo que usía espera y merece como escritor y lector diletante.

    P.D. Disfrute del concierto del maestro Benavent, usted que puede.

  2. Voy a su casa de usted. Me temo que nos vemos unidos en la desgracia, pues tampoco puedo ir al concierto del maestro. Una patada en el perineo me hubiera dolido más, supongo, pero me hubiera importado menos.

    • Si le sirve de consuelo ( y ahora le hablo de lo del maestro) la cosa comenzó muy prometedora y acabó convirtiéndose en “Amiguetes entertainment”.

      • No hay consuelo. Tampoco es el fin. Es otra copa que me pasó por delante sin poderla no ya apurar, sino probar. No hay más, ni menos. Pero gracias por su amable intención.


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